—Dios…
—Afortunadamente, mi esposo estaba ahí para defenderme. Y espero le recuerdes, si acaso sigue quejándose, que en este momento de mi vida no se mete con Melissa Halloway, sino con Melissa Ravage, y por lo mismo, lo mejor es que tenga mucho cuidado con la manera en la que desea manejar lo que él tilda de desplante. Y sí, continuará vetado, toda la familia, incluyendo a Camille, de mis restaurantes —Ares le tomó la mano, besándole los nudillos—. ¿Era para eso esta llamada tan temprana?
Fede