Lo miraba con grandes ojos de emoción, aún acomodada en su regazo, cuando lo vio sacar otra caja, más delgada y cuadrada, del bolsillo de su chaqueta. Le buscó la mirada al ver dos pulseras. El mismo estilo de bracelet y de la misma marca.
—Es precioso.
—Es nuestro regalo por los dos meses de casados —se miraron a los ojos—. Uno para cada uno. Y aunque es dorado...
—Quiero usarlo —ella fue clara y rápida—. Me encantaría usarlo.
Ante eso, Ares sonrió, y se encargó de acomodar el brazalete entre