Ares la aprisionó con fuerza contra su cuerpo, la elevó incluso del piso, riéndose cuando ella, encantada, tiró los dos piecitos hacia atrás. Fuerte, como tanto a ella le encantaba que fuera, la acomodó varios escalones arriba, acortando la distancia entre sus estaturas.
—Iré a trabajar. Quiero resolver algo pronto, antes de nuestro almuerzo. Y si gustas, si te sientes con ánimo… para la cena hacemos algo fuera.
—¿Como una cita?
—Sí, colibrí —se sonrieron al mismo tiempo; ella continuaba rozánd