Su voz se quebró.
—¡Destruiste mi trabajo! —y fue entonces que Melissa perdió la batalla con sus emociones—. Mi espacio, mis pinturas… ¡Ares, te pedí ese lugar para sentirme segura en esta... en esta casa donde pensé que todo lo que tendría sería exactamente esto! —gritó desesperada—. Un infierno. Un maldito infierno.
Cuando Melissa dio un paso hacia atrás, Ares la miró con la mandíbula tensa.
—Fui a ver a mi padre. Y te avisé. Te envié mensajes cuando estaba en la camioneta, antes de salir. Y