—No por ti —respondió, seca—. Sino porque no sabría cómo explicarle a nadie por qué he huido de mi casa, de este lugar que llevo días, semanas, tildando como mi hogar. Qué rápido me sentí cómoda en el infierno.
Ares, ante esas palabras, solo terminó tensando la mandíbula, viendo el cuerpo femenino buscar al fin el interior de la casa. Se llevó una vez más el cabello hacia atrás en un jalón de violencia, pero ese maremoto de emociones que aún no había controlado, ni mucho menos expulsado, termin