Al sacar el celular, notó el mensaje. Un único mensaje que indicaba “ven”, de parte de su esposo. Había una llamada perdida, pero, aunque la intención de devolverla fue inmediata, leyó de nuevo el mensaje, sintiendo un escalofrío recorrerle la espalda.
—Voy a bajar para que comamos pastel de manzana.
—Uhm… en realidad, papá, debo irme.
—Pero acabas de llegar. Deberías almorzar aquí, luego comemos el postrecito y… Hija.
—Parece que Ares volvió antes de su viaje y, la verdad, no quiero estar dema