Melissa la miró con agudeza, pero solo se alzó de hombros.
—Bueno, a mí sí, y tengo que decírtelo. Está bien si quieres ayudarlo, pero te recuerdo que no debe ser por obligación, ni mucho menos más allá de lo que has acordado con Ares, que a mí se me hace una cantidad exagerada de dinero. ¿Quién podría necesitar cincuenta millones?
—Mi familia, Kimmy. Mi papá tiene una adicción, es un ludópata que pasó dos semanas en Las Vegas. ¿Y sabes por qué regresó? Porque Federico fue por él. Aún no sé en