—¿Me quieres, colibrí? —consultó ese hombre con voz grave contra los labios femeninos.
—Te quiero, Ares —respondió ella, apenas separándose para verlo a los ojos—. Te quiero —afirmó—. No quiero discutir por dinero.
—No lo hacemos.
—Ni por mi familia, a quienes sí quiero ayudar.
Él lamió sus labios, pero tras tragar saliva, solo susurró:
—El tiempo me dará la razón —advirtió—. Pero incluso en ese momento, te prometo, Melissa Ravage, que tu hombre estará de tu lado, apoyándote en esa nueva decisi