—En primer lugar, mi esposa no me pide permiso para gastar su dinero —le señaló con gravedad—. Mi esposa gasta, compra, pide y se consigue todo lo que desea. Lo mira, lo quiere, lo consigue, porque en su mente no puede haber una sola duda de si se lo merece. Porque yo, su hombre, el que ha trabajado tanto tiempo para darle esa libertad económica y financiera, sabe que si lo hace, es porque se lo merece. ¿Entendido?
—Entendido.
Él lamió sus labios, apenas acercándose a la boca femenina, que ya s