Cuando elevó su mirada ante el tarareo de una canción, la encontró en el sillón, donde ahora acomodaba las carpetas que había arreglado. Poco a poco, en su espacio de trabajo, se había hecho de cosas de oficina que él mismo le cedió de las suyas, como unos post-it de colores que, según ella, servirían para diferenciar los documentos legales. Su minúscula engrapadora seguía siendo su arma secreta y él no tenía idea de qué había estado apuntando en la agenda, pero a veces el brillo de ese lapicer