Se llevó una mano al pecho.
—Intentando arrancar de mí… lo que me han dado durante veinticuatro años.
La bofetada fue inmediata. Melissa solo cerró los ojos, cubriéndose el rostro ante el impacto. Miró la ventana, donde el sol de la tarde se colaba, pero luego desvió la mirada hacia su madre, acomodándose ante ella.
—Hija…
—Quiero que se vayan. Todos —indicó con firmeza rozándose la mejilla punzante—. Quiero que se vayan antes de la fiesta.
Respiró hondo antes de continuar.
—Me casaré, s