—Quisiera, en este momento, estar sola —señaló, mirando a Gaspar.
—Me temo que no puedo cumplir con eso, señorita. Hay que revisarle las heridas.
Ella lo miró a los ojos.
—¿Para qué? ¿Qué más da si se infectan, si me da rabia, tétanos o cualquier otra enfermedad?
—Los canes están vacunados…
—¡¿Crees que me importa?! —preguntó con firmeza.
—Gaspar, fuera. Ustedes también.
Melissa dio un paso hacia la cama cuando Ares ingresó a la habitación. Notó la mirada de Gaspar sobre ella, pero lueg