Se observó unos segundos más, como queriendo guardar en su memoria una versión de sí misma de la que esa noche se iba a despedir, para dejar entrar a la que cumpliría todo lo que Ares Ravage le ordenara. Se puso de pie y se dirigió al mueble donde diferentes perfumes yacían, pero ella buscó el pequeño frasco que siempre llevaba en su bolso y se aplicó unas gotas en todos los puntos clave.
El cabello en ondas enmarcaba su rostro, y el vestido, un clásico de Vivienne Westwood que su madre consi