Maurice, en la otra cabecera, era el único que no solo parecía temer la presencia de Ares Ravage, a quien evitaba mirar a los ojos, sino también por la seguridad de su hija adoptiva en aquel lugar. Se convencía, porque no podía hacer nada más, de que el reconocido y respetado empresario no le haría daño. Pero verla en ese estado, a su derecha, cabizbaja y convertida en una especie de muñeca bien vestida, no le hacía sentirse bien consigo mismo.
—Creo que la familia Halloway podría estar cansa