—Pensé que era solo…
—No, no, hija, no te llenes de los locos comentarios que la gente ha dicho sobre tu futuro esposo. Ares Ravage es un hombre respetable, pero también envidiado, por su inteligencia, su fortuna, su manera de hacer bien las cosas —Melissa solo pudo suspirar—. Vas a ser feliz…
—Mamá, no lo conozco —expulsó, notando de reojo cómo Mariam volteó los ojos, pero se acomodó de piernas cruzadas en el diván de su habitación—. Por favor, dime que ves lo extraño y anormal que esto es. Papá se fue tres días a un viaje de negocios y regresa diciéndome que me entregó en matrimonio con un hombre que… —lamió sus labios antes de continuar— lo que dicen de este hombre no es positivo.
—Porque hablan con envidia de él.
—O con la verdad —la joven fue lo más segura que pudo—. De igual manera, es extraño, es completamente extraño. Si fuera una persona que ha estado en mi vida, con la que quizás he convivido, conversado siquiera, lo podría hasta considerar, pero no sé nada de él…
—Es un multimillonario de treinta y cuatro años con la vida resuelta, ¿qué más quieres saber? —intervino Mariam, su madre solo se dio la vuelta hacia ella, pero la joven elegante y rubia se puso de pie—. Estás haciendo una tormenta en un vaso de agua, Melissa, y como ya te dijeron y dejaron claro también, no importa cuánto te quejes, debes cumplir, porque papá dio su palabra. De igual manera, no es como si fuera algo malo, es como en la India, un matrimonio arreglado, es normal.
—¿Normal? Mariam, tú te comprometiste con tu novio después de cinco años de noviazgo —la joven rubia se alzó de hombros—. Se hizo una gran celebración y llevan meses planeando una boda, que ni siquiera será este año porque la quieres perfecta, de princesa, y a tus expectativas…
—Sí, pero esa soy yo —la joven defendió—. Tú… —amplió la sonrisa—. Tú eres diferente, Melissa, tendrás tu boda pequeña, sencilla y con un hombre poderoso, eso es lo que importa, para alguien como tú es lo que debería importar.
—¿Alguien como yo? —preguntó la joven, viendo a su hermana.
—Mariam, creo que los comentarios de ese tipo sobran —intervino Angelina—. De igual manera que las quejas, Melissa —miró a la joven, quien solo negó—. Ya la situación está expuesta, y creo que debes confiar más en tu padre. Si él ha decidido que así se hará, es porque así debe ser, y créeme, hija —le tomó del mentón—, que Maurice no hará nada que te ponga en peligro, a ninguna de nosotras, porque aunque todos sepamos tu realidad, eras una Halloway más y, como miembro de esta familia, sabes que te riges por las órdenes de su cabeza, y ese es tu padre. Ninguno de nosotros puede poner en burla su palabra, ninguno.
Melissa la miró a los ojos. Angelina y Mariam tenían ese mismo tono azulado que parecía oscuro, que en las noches se tornaba casi negro y a veces las hacía lucir como si no hubiera vida en sus miradas. Para ese punto, la joven ya sabía que no había manera de negarse a lo que le habían ordenado, que ninguna de las personas en esa habitación la ayudaría a que su padre cambiara de opinión, por lo que solo asintió.
—Iré a cambiarme para que hablemos —susurró.
—Perfecto, esa es la Melissa que amamos.
Le dejó un beso en la mejilla, por lo que la joven se dio la vuelta y buscó el clóset donde empezó a cambiarse. Soltó su cabello y salió con las toallas húmedas que puso en el baño, para ahí mismo desenredarse las largas hebras, y tras aplicarse su rutina nocturna, solo salió para hablar con su madre y hermana, quien se quedó en todo momento.
Revisaron las páginas web de algunas tiendas de novias, y entre más se sumergía en la búsqueda de un vestido, más pesaba en ella esa anormal idea. De pronto, las nuevas lágrimas le impidieron seguir viendo la pantalla, y solo seleccionó el primero que apareció en una de las páginas.
—¿Ese? —consultó Angelina.
—Sí, sí, sí, mamá, ese está bien.
—Perfecto. Dame el código y enviaré la solicitud para que te lo midas mañana mismo.
Ella asintió, pero se puso de pie con brevedad, cruzándose de brazos.
—Mientras te duchabas, contacté con una de mis amigas que es decoradora de eventos. Ya nos hizo un presupuesto, pero iremos a ver la propiedad una vez que tu padre hable con tu futuro esposo…
—Deja de llamarlo así.
—Pero es lo que será, Melissa —Mariam intervino.
Las dos se vieron a los ojos, pero Mariam, pegada a su celular, solo terminó sonriendo y negando ante su hermana. Sin dudarlo, se puso de pie y se acomodó ante ella.
—Entre más rápido aceptes que pasará, más sencillo será vivirlo —le recomendó—. Además, como bien dicen, Ares Ravage es un hombre respetable. Claro que han dicho mucho de él —continuó, ya con un toque de burla en su voz—, como que tiene un montón de reglas, que todos en su vida terminan cumpliendo, sin excepción. Y creo que escuché que le llaman el oscuro porque se deshace de quienes no cumplen sus órdenes…
—Mariam, basta —intervino Angelina.
—Solo le estoy diciendo a mi hermana lo que sé de su futuro esposo, quizás así se siente más segura de él —las dos jóvenes se vieron de frente—. Tuvo un accidente, y según me han dicho, gran parte de su cuerpo, incluyendo algo de su rostro, tiene unas cicatrices no tan bonitas —dio un paso hacia ella—. Y un día escuché que es un poco aberrado en… —sonrió—, ya sabes, la cama, y que le gusta cumplir con unos fetiches cuestionables. Me imagino que, como su esposa, terminarás conociendo de los mismos.