Cap.03

—¡Porque di mi palabra y es lo que se hará! —respondió Maurice con un grito—. Ni tú ni nadie en esta familia va a venir a cuestionar mi palabra, porque es nuestro honor, y como una Halloway, deberás cumplir con lo mismo —espetó con firmeza—. Vas a casarte con Ares Ravage y cumplirás sus requerimientos como su esposa, y no existe nada que puedas decir o hacer para que eso no suceda. ¿Entendido?

Melissa comenzó a negar con la cabeza, lo hizo varias veces.

—No, no, papá, no puedes hacer con mi vida lo que tú…

El brinco fue general cuando la mano fuerte marcó la mejilla de la joven con tal intensidad que su labio inferior se reventó con la bofetada. Melissa se cubrió la zona, impresionada por el golpe, por el dolor, por el momento. Notó cómo Mariam ocultó su sonrisa. Zane fue el único que se puso de pie, pero terminó sentándose con un simple ademán de la mano de su padre. Angelina la miró unos segundos, pero tras un suspiro posó su mirada en la chimenea ante ella.

—Te salvé la vida, te crié como una hija. Las mismas escuelas privadas y tutores que mis hijos —Melissa tensó la mandíbula—. Todo lo que quisiste hacer, te lo pagué. Idiomas, equitación, natación, pintura… ¡te di todo! —le gritó—. Incluyendo mi apellido. Te paseas y te regodeas en los desfiles de moda, te presentas como una Halloway con orgullo, tienes tu camioneta del año, tus joyas, tus vestidos caros… ¡¿y vas a retarme en este momento?!

La pregunta logró que las pupilas de Melissa al fin se llenaran de lágrimas.

—Eres Melissa Halloway por mí, porque decidí salvar tu vida. De lo contrario, serías una puta barata en alguna calle de Nueva York, con quién sabe cuántos hijos, después de haber sido violada por proxenetas —la joven solo frunció el ceño—. Ese era tu destino de haberte quedado con tu padre. ¡Pero yo te salvé! —El hombre se tocó el pecho—. Y vas a pagarme esa deuda de veinticuatro años de lujos, de riquezas, de educación privada… casándote con este hombre.

La joven se estremeció cuando él se acercó. Dio un paso hacia atrás hasta que chocó con el borde del sillón donde había estado sentada. Lo miraba con atención mientras Maurice le retiraba la mano de la mejilla, revisándosela con delicadeza, con esa misma suavidad que ella sí recordaba, con el trato que siempre había recibido de él y que, en tan poco tiempo, se había agrietado y dañado con sus acciones.

—Vas a cumplir la palabra de tu padre —él fue suave, hablándole de manera directa—, porque sé bien que no quieres fallarle a tu familia ni mucho menos dejarme en ridículo. Te aseguro que estarás a salvo. Ares es solo un hombre misterioso, pero todo lo que hay alrededor de su vida son suposiciones, chismes y palabrerías —le elevó el mentón con delicadeza—. Demuéstranos que amas a tu familia, que estás agradecida con nosotros por haber salvado tu vida, por haberte dado lo que te dimos. Demuéstrame, hija, que te sientes orgullosa de ser una Halloway, porque yo me siento orgulloso de tenerte como parte de esta familia.

Grandes lágrimas ya corrían por las mejillas de Melissa, quien solo tensó la mandíbula cuando su padre tomó sus manos y besó sus nudillos.

—Vas a cumplirlo, ¿verdad, mi amor?

—Sí, papá —respondió casi en automático, aunque pronto el sollozo se liberó de ella.

—Ven, ven… esas son lágrimas de emoción, puedo estar seguro de eso.

El cuerpo femenino tembló cuando se vio abrazado contra el pecho de su padre. Maurice le rozó la coleta, la espalda, y solo pudo susurrarle al oído que la amaba y que nunca olvidara eso, porque era ese amor el que la llevaría a tener una vida que él describía desde ya como de reina. Pero Melissa, en lo profundo de sí misma, sabía bien que estaba siendo entregada a un desconocido, a un hombre que podía estar segura de que se había ganado el apodo que tenía, un hombre que podría hacerla vivir el peor de los infiernos.

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