Cap.02

Hubo cierto fruncimiento de ceño en los presentes, por lo que Maurice suspiró. Dio un nuevo paso hacia su familia, pero tras lamerse los labios, se giró un poco hacia donde Melissa había tomado asiento. De pronto, la joven fue presintiendo que aquella reunión tenía todo que ver con ella.

—He conseguido un prometido para Melissa —expulsó de manera directa y clara.

La risita de Mariam fue inmediata. Una risita burlona que vino acompañada de esa mirada juzgona sobre su hermana menor, por apenas un año, a quien realmente no soportaba. La joven rubia se rozó unos mechones de su cabello suelto y miró a su padre.

—¿Y quién es el desafortunado?

—Mariam, por favor —indicó su padre.

—Ay, es una broma, es una broma —repitió, viendo a Melissa, quien no había dicho nada—. Estoy en shock y saben que en momentos así me da por hacer bromas. Sabes que te adoro, Melissa, y quiero lo mejor para ti —agregó, pero en ese punto Melissa apenas la atendía; tenía los ojos bien clavados en su padre—. ¿Quién es el prometido de mi hermanita? —preguntó, pero el tono burlón se mantuvo.

Maurice miró a su hija menor, su hija adoptiva, a quien todos pensaban que querían y cuidaban en esa familia que le había cambiado la vida al asumirla como a cualquiera de los otros hijos de la pareja. Sin embargo, en esa reunión, la verdad parecía asomarse como sombras de un monstruo que solo causaba daño a la joven Melissa.

—¿Quién es, papá? —consultó, apenas en un delicado hilo de voz.

—Ares Ravage.

El silencio fue inmediato en aquel lugar. Melissa notó los ojos muy abiertos de Zane y la mandíbula tensa de la misma Mariam. Pero fue la manera en que esta última mordió sus labios, para luego soltarse en una carcajada, lo que hizo que no solo Melissa la viera con confusión, sino también el mismo Maurice, quien estuvo tentado a corregir a su hija con una bofetada.

—¡Mariam, basta!

—Es que debe ser una broma, una completa broma, papá —señaló la joven—. ¿Realmente estás diciendo que el hombre más poderoso de Nueva York y uno de los más ricos de Estados Unidos y del mundo se casará con Melissa?

—Eso es lo de menos —intervino Zane—. Ares es un hombre extraño. Todas las cosas que se dicen de él no son nada agradables. Además, ¿cuánto le lleva? ¿Diez años?

Melissa no sabía ni qué pensar. No era capaz de procesar ninguna idea clara en ese momento. En su cabeza solo daba vueltas lo que su padre había dicho, sumado a lo que sus hermanos mencionaban y a lo poco que ella sabía de ese hombre. Y es que su hermano Zane, quien la superaba por tres años, tenía razón: tanto se había escuchado sobre Ares Ravage que parecía hasta irreal o difícil de creer. Porque, al menos para ella, era imposible que un hombre real pudiera ser tan cruel, tan misterioso y oscuro como lo habían pintado.

—Ares es un hombre respetable y, sí, es uno de los más poderosos del estado. Por lo mismo, deberíamos sentirnos felices y bendecidos de que se haya fijado en Melissa —intervino Angelina, su madre adoptiva, a quien buscó con la mirada—. Hija —le indicó esta con firmeza—, la oportunidad que tu padre te ha presentado es única. No te dejes llevar por rumores ni comentarios de gente loca que no sabe nada del señor Ravage.

—¡Nosotros no sabemos nada de este hombre! —soltó al fin Melissa—. Papá, ¿cómo demonios llegaste a esta decisión? ¿Y por qué sin consultarme?

Hubo un shock completo ante la queja de la joven, ya que casi nunca se le miraba reclamando de aquella manera.

—¿Realmente piensas que me voy a casar con un hombre que jamás he visto en mi vida, del que no conozco nada?

Maurice dio un paso hacia ella, quien solo se quejó cuando él la tomó de las mejillas.

—No lo pienso, es lo que harás —le señaló Maurice con firmeza—. Y a tu padre no le vuelvas a responder de esa manera, y menos ante tus hermanos y tu madre —le advirtió. La joven solo frunció el ceño cuando él apretó más fuerte—. Ares Ravage ha pedido tu mano y se la he entregado. Como tu madre ha dicho, es un hombre poderoso, respetable y te dará una vida de reina en cualquiera de sus mansiones. No vas a perecer en ningún momento…

—¿Y eso es todo lo que importa? —preguntó con delicadeza.

—Silencio, Melissa. Silencio.

Él al fin la soltó, por lo que ella se rozó las mejillas adoloridas. No podía ni llorar, no tenía idea de dónde habían ido sus lágrimas, pero sí sentía que la presión en su pecho la haría desmayarse por falta de oxígeno en cualquier momento. Miró sus manos temblorosas y solo cerró los ojos cuando Maurice continuó con sus indicaciones.

—La boda será pronto. Deberás organizarla en un plazo de diez días —la joven abrió los ojos con sorpresa, viéndolo en shock—. Tu hermana y tu madre te ayudarán. Claramente, él no quiere una boda demasiado pública, por lo que intenta mantener un estilo sobrio y clásico en tu vestido…

—¡Yo no me quiero casar con este hombre! —soltó Melissa con firmeza, poniéndose de pie—. No voy a casarme con un completo desconocido y no debiste haber aceptado nada sin haberme consultado —se defendió como pudo—. No me importa qué tan respetable, poderoso o millonario sea, ¡es un tipo al que llaman El Oscuro! —señaló—. ¿Cómo pudiste pensar que casarme con él era lo correcto?

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