Narrado por Natália
Las ventanas estaban abiertas, pero el calor no me molestaba. Me gustaba la sequedad del aire. La sensación de que el mundo estaba siendo quemado poco a poco, igual que los planes que venía trazando desde que puse un pie en este lugar. Desde que fui entregada como moneda de cambio. Desde que me convertí en pieza.
Ahora, yo era jugadora.
Caminé hasta el escritorio de madera tallada que estaba en la esquina de la habitación. El sirviente ya había dejado la caja allí, envuelta