Narrado por Natália
El sonido de las cadenas del brazalete deslizándose por mi muñeca era lo único que escuchaba en aquella sala inmensa mientras acomodaba el velo sobre mis hombros. La seda del vestido rojo se pegaba a mi piel como una promesa maldita. La noche era caliente. No solo por el calor sofocante de Dubái, sino por lo que estaba por venir.
La cena con el Emir Faisal no era un simple evento diplomático. Era un campo minado. Un juego donde cada mirada decía más que las palabras, y donde