No llegué muy lejos. Mis pasos se detuvieron en seco en mitad del pasillo, pero mi mente continuaba corriendo a una velocidad vertiginosa, confusa y cargada de un dolor que me negaba a reconocer. Me pasé una mano por el cabello, intentando desesperadamente calmar la tormenta que se desataba en mi interior. Nada de esto tenía sentido; no debía importarme. Nada en esta farsa era real.
—Claro que no… —murmuré para mis adentros, tratando de convencerme.
Sin embargo, la imagen de Valeria, con aquell