El sol de la mañana se filtraba a través de los inmensos ventanales de la habitación, pintando de dorado las sábanas blancas y revueltas. Me desperecé lentamente, sintiendo el peso reconfortante del brazo de Adrián rodeando mi cintura, anclándome a él incluso en la profundidad del sueño.
Levanté la mano izquierda, dejando que la luz atrapara el destello del diamante de mi nuevo anillo. Ya no era un grillete de hierro camuflado en lujo; era una promesa. Una elección. Sonreí para mis adentros, re