El sonido de las pesadas puertas dobles abriéndose me sacó de mis pensamientos. Estaba de pie frente al inmenso ventanal de nuestra habitación, observando las luces de la ciudad parpadear bajo la lluvia de la tarde, pero mi mente se encontraba a años luz de allí. Mis dedos trazaban círculos distraídos sobre la tela de seda de mi bata, justo a la altura de mi vientre.
Adrián entró, y la energía de la habitación cambió al instante, volviéndose densa y eléctrica. Se quitó la chaqueta del traje con