El sonido rítmico de las olas rompiendo suavemente contra la arena blanca era el único reloj que importaba en este lugar. Lejos del asfalto, de los rascacielos de cristal y del incesante ritmo del imperio corporativo, nuestra villa privada frente a las costas del mar Caribe, en el sur profundo cerca de Barahona, se había convertido en nuestro santuario personal.
La brisa cálida de la tarde jugaba con la falda de mi vestido de lino blanco mientras observaba la escena frente a mí.
Mateo, que ya h