El vestido de noche azul zafiro se ajustaba a mi figura como una segunda piel, contrastando con el brillo inconfundible de los diamantes que adornaban mi cuello y mi mano izquierda. Alisé la falda de seda frente al espejo de cuerpo entero en nuestra habitación, tomando una respiración profunda para asentar los latidos acelerados de mi corazón.
Esta no era una gala corporativa más. Esta era nuestra gala.
La inauguración oficial de la Fundación Vólkov-Reyes, un proyecto en el que había invertido