Los siguientes cinco meses transformaron nuestra realidad de maneras que ni siquiera el gran Adrián Vólkov habría podido predecir en sus cálculos más precisos.
La noticia de mi embarazo se mantuvo en el círculo más íntimo y estricto durante el primer trimestre. Adrián, con su mente siempre configurada para anticipar cualquier amenaza, había triplicado las medidas de seguridad y se había negado a que la prensa o los buitres corporativos usaran la información. Pero ahora, a mis siete meses de ges