El eco de unos pasos pequeños y veloces resonó por el pasillo de madera pulida, seguido inmediatamente por una risa cristalina que iluminó cada rincón de la mansión.
—¡No me atrapas! —gritó Mateo, con sus diminutas piernas moviéndose a toda velocidad mientras doblaba la esquina hacia el salón principal.
Detrás de él, el hombre más temido del mundo corporativo, el implacable Adrián Vólkov, fingía torpeza para no alcanzarlo demasiado pronto. Llevaba los pantalones de un traje oscuro hechos a medi