Un par de preguntas más y Natalia sintió cómo su corazón comenzaba a relajarse. Alessandro lo hacía parecer tan fácil: en público, en privado, siempre preparado, siempre impecable. Solo ella había sido testigo de cómo perdía un poco de ese control perfecto, como esta noche en el dormitorio. Un escalofrío placentero recorrió su espalda al recordarlo, y permitió que sus labios se curvaran en una sonrisa apenas perceptible. Los flashes continuaban, cegadores, constantes, y aunque Natalia no era ex