Danya
Taylor está dormida en el sofá de la sala, aferrada a una manta blanca de algodón y roncando tan fuerte que tengo que subir al segundo piso para llamar a Bobby. No he hablado con él desde que le pagué por encargarse de James, pero ahora que el Consejo Rojo ha decidido convertirse en una molestia, podría serme útil.
Bobby responde el teléfono después de un par de timbres, refunfuñando algo sobre la hora. Olvidé que está en una zona horaria diferente.
—¿Qué pasa, hermano? —pregunta, sonando