La noche era cálida, el sol acababa de esconderse y un murmullo eléctrico flotaba en el aire, como si la ciudad contuviera el aliento. Había algo en esa oscuridad que presagiaba magia… o muerte.
Entonces la vio.
Una figura femenina se recortaba a contraluz, inmóvil, al fondo del almacén.
Alessandro se detuvo a varios metros, el puro suspendido a medio camino de sus labios.
¿Una mujer? ¿Qué demonios hacía allí?
Frunció el ceño, examinándola con desconfianza. ¿Sería alguna puta con la que Marcell