Natalia regresó de visitar a Rosa. De vuelta en el pent-house, el sol del atardecer se inclinaba sobre la sala de estar, tiñendo los ventanales de un dorado cálido. Soltó el bolso sobre la consola con un suspiro y, apenas dejó los tacones a un lado, se lanzó al teléfono. Sus dedos volaban sobre la pantalla mientras enviaba mensajes a Mery para organizar una salida al día siguiente. Llevaban varios días sin salir y sentía que necesitaba reír, distraerse, ahogar en vino y confidencias la nostalgi