Se sentía manchada solo por compartir el mismo aire que él. Un asco caliente le subió por la garganta.
—Eres un sucio y miserable —escupió, intentando convocar la autoridad de Alessandro a través de sus palabras. Sonó más niña que firme.
Se aclaró la garganta, reuniéndose a sí misma con esfuerzo.
—Eres un traidor. Se lo diré a Alessandro… Esto que hiciste será tu fin.
Marcus la miró un instante y luego su cuerpo se convulsionó en una carcajada áspera que le sacudió los hombros. El sonido, lejos