Era hora de ascender nuevamente, de reclamar su lugar en las alturas. Volvería a su penthouse, rodeada de diamantes, vestidos finos y obras de arte que adornaban su elegante apartamento. Nada de esa bazofia en la que Alessandro la había mantenido antes. Una vez lista, se detuvo un instante frente al jarrón gigante que estaba junto a la puerta. Flores frescas llenaban el espacio con su delicado aroma: lirios del campo, cortados y perfectamente dispuestos, como si supieran que estaban allí para a