Capítulo 22

Los días pasaron, y la tregua se mantuvo.

Resguardada siempre por guardaespaldas, Natalia podía entrar y salir de la villa a su antojo. Visitaba a su abuela Rosa todos los días; cada jornada la encontraba mejor, más fuerte. A veces Rosa preguntaba por Franco, y Natalia callaba, inventando evasivas. ¿Qué podía decirle? Que su padre había desaparecido en sus negocios turbios, quizá hundido en vicios o disfrutando del dinero manchado que había ganado. Lo importante era que ya no podía dañarlas. Es
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