MARCELLO
La mujer de atrás milagrosamente permanece en silencio durante el resto del viaje, aunque puedo percibir su pánico y confusión. Espero que estalle en llanto o que me grite que la deje ir, pero está sorprendentemente cooperativa. Aún más razón para creer que está entrenada para manejar situaciones de crisis.
Cuando llegamos a mi finca, empieza a llover a cántaros. Apenas logro teclear el código que abre las puertas eléctricas, y me maldigo por haber instalado un sistema de seguridad tan