KEILY
Nunca me había sentido tan liberada sexualmente, ni siquiera la primera vez que Marcello y yo estuvimos juntos. No necesitó ir más allá para hacerme sentir que le pertenezco, pero la oleada de endorfinas me confirma que esto era exactamente lo que llevaba tiempo deseando: esa sensación de pertenecer a alguien, de ser necesaria, aunque solo sea en la cama.
Pero no debería querer eso.
Marcello recoge mi camisa del suelo y me limpia el rostro con ella. El gesto resulta sorprendentemente tier