Álvaro y Gabo afuera de la clínica escucharon los disparos y miraron cómo los agentes se movían de un lugar a otro.
Carlos Gabriel corrió a la entrada del hospital.
—¿Qué está pasando? —cuestionó agitado—, mi novia está adentro, debo ir por ella.
—No tengo información precisa —respondió uno de los guardias de seguridad.
Gabo resopló furioso y miró a su suegro angustiado.
Álvaro pasó saliva con dificultad, sintiendo como su corazón se llenaba de terror, al darse cuenta de que algo grave ocu