Paula María observó la forma en la que se alejaron con rapidez de ahí, parpadeó liberando las lágrimas que contenía al sentir como su pecho ardía lleno de profundo dolor.
—¡No! —exclamó con la voz fragmentada.
—Señorita Paula María. —El teniente David se acercó a ella, sujetándola con sus brazos para llevarla al auto—. Tenemos que sacarla de aquí —explicó mirando hacia los alrededores, observando como desde lo alto del sanatorio, les apuntaban—, el lugar no es seguro, protéjanla —ordenó.
Paula