Álvaro estaba esperando a que Alondra regresara del tocador, cuando sintió que la calidez de una mano lo tocó, en ese momento giró; comenzó a seguir la luz que dejaba sobre su paso, hasta llegar al cuarto de descanso, tomó asiento en uno de los cómodos sillones que había, para poder alejarse del bullicio.
—Me tenías preocupado —refirió sin dejar de sonreír.
—Lo sé, mijo. No me fue tan sencillo poder volver —Doña Ofe explicó.
—Temía que quedarás atrapada en... —inhaló profundo.
—Lo imaginé —D