La partida de mi madre fue un desgarro silencioso. La abracé junto al coche blindado que la llevaría al aeropuerto, a un destino que ni siquiera yo conocía por su seguridad. Sus ojos, aún velados por el shock, me escudriñaban buscando a la hija que recordaba.
"Cuídate, Elara", susurró, sus dedos acariciando mi mejilla. "Este hombre... Kaelan... hay una oscuridad en él."
"Lo sé, mamá", respondí, apretándole la mano. "Pero también hay luz en mí. Y eso le asusta más que cualquier otra cosa."
Fue l