El regreso a la mansión de Kaelan fue un viaje a través de un paisaje transformado. El Camino de las Sombras, esta vez, no fue un vacío aterrador, sino un río de susurros. Las propias sombras parecían reconocerme, cediendo ante mi paso con una curiosa reverencia. Kaelan permaneció en silencio durante todo el trayecto, su mano firme en la mía, una conexión tangible en la ingravidez.
Cuando emergimos en su estudio, la familiaridad de la habitación chocó con la extrañeza de mi nueva realidad. Ya n