El suelo tembló con otro impacto sordo. Los Hambrientos no estaban atacando con saña; avanzaban con la inexorable paciencia de un glaciar, desgastando las defensas de la mansión. Cada paso era un latido de tambor fúnebre.
El shock de la confesión de Lysander palideció ante la amenaza inmediata. Kaelan se volvió hacia él, su ira anterior ahora contenida por una necesidad más urgente.
"Tu lealtad se pondrá a prueba ahora, Lysander", dijo, su voz era el filo de una espada. "Defiendes esta casa, o