La noticia de la Cacería de Sangre se extendió por la mansión como un fuego gélido. En las horas que siguieron, el ambiente se cargó de una electricidad silenciosa. Los pocos sirvientes no humanos que ocasionalmente veía evitaban mi mirada, susurrando entre ellos con respeto mezclado con lástima. Había cruzado un umbral invisible. Ya no era solo la Invitada de Sangre, la Vara de Perséfone. Ahora era la contendiente.
Kaelan me llevó a un lugar que no conocía: una cámara redonda y vasta bajo la m