La luz del amanecer se colaba tímida por las cortinas entreabiertas, dibujando líneas doradas sobre la piel desnuda de Fanny. Andréi permanecía junto a ella, aún con la respiración acompasada, como si su cuerpo no quisiera despertar de la intensidad de la noche anterior.
Ella abrió los ojos lentamente, con una sonrisa cansada, y lo observó. Había ternura en la forma en que su pecho subía y bajaba, en la manera en que la calma lo envolvía. Pero también había algo más. Fanny lo sentía: ese torre