La tensión se podía respirar en el aire como una tormenta contenida. El ambiente entre ellos había cambiado desde la expulsión de Lucien. Su silencio ya no estaba; y en su ausencia, la guarida parecía más grande, más fría, más vulnerable.
La ausencia de Lucien no era solo una silla vacía. Era una grieta en el equilibrio interno del grupo, un silencio que ya no protegía, sino que exponía. Cada rincón del refugio parecía haber perdido un testigo incómodo, alguien que miraba sin hablar y calculaba