El bullicio de la universidad parecía ajeno al mundo que Michel habitaba. Estudiantes caminaban con carpetas apretadas contra el pecho, otros discutían animadamente sobre exámenes o proyectos, mientras el eco de sus pasos se mezclaba con el sonido metálico de las puertas que se abrían y cerraban en los pasillos.
El olor a café barato, tinta fresca y papel húmedo impregnaba el aire.
Michel avanzaba despacio, el abrigo oscuro cerrándose sobre su cuerpo, como si buscara camuflarse en la multitud