Los pasillos de la facultad estaban casi vacíos, iluminados por tubos de luz mortecina que zumbaban como insectos atrapados. El eco de pasos lejanos y las voces dispersas de algunos estudiantes se mezclaban con el aire cargado de humedad y polvo.
Para la mayoría era solo otro día de clases, pero en ese edificio, bajo esa penumbra, se libraba un juego distinto, un tablero donde las piezas se estaban revelando.
El edificio parecía contener la respiración. No era solo la escasez de estudiantes o l