Una maldición final.
Después de ser descubierta en la mazamorra, Lass fue llevada al comedor para desayunar con él. Le habían servido, pero no comía. Las gotas de lágrimas caían en el plato mientras trataba de secar sus lágrimas silenciosas y abundantes.
—Come, estás embarazada, si quieres no lo hagas por ti, hazlo por el hijo de vael— levanta la cabeza y lo mira.
—¿Qué quieres de mí?— Él se levanta de la mesa y camina hacia ella, arrastra la silla.
—Abre la boca—, ella voltea su rostro y con dureza la toma por las