Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl caos se intensificó. Otros guardias del puerto se unieron, ya fuera contratados o atraídos por el dinero. Los reflectores seguían girando, cegando miradas. El barco empezó a moverse, soltando una a una las amarras.
Alaric cayó junto a Seraphine, sangre resbalando por su sien. —¿Qué demonios hiciste? ¡Lo dejaste escapar!
Seraphine jadeaba, su voz rota. —Era… Soren…
Alaric quedó en si







