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Alaric hizo una señal con la mano. El equipo se dispersó de inmediato.

Seraphine esperó tras una pila de cajas, observando al guardia más cercano. Podía sentir el pulso de su sangre, escuchar el ritmo de su respiración demasiado controlada—señal clara de que eran soldados entrenados, no simples trabajadores portuarios.

Desde esa posición, podía ver la cadena de plata en el cuello del

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