PIERO
Después de dejar a Sabrina en casa de Lucio, regresé al apartamento para darme una ducha y llamar a Leo. Había tomado una decisión y sabía que era la única salida para no fallarle a la mujer que con absoluta confianza, estaba depositando en mis manos su corazón.
—Dile que le daré el cheque que pide, Leo. Necesito que firme los papeles del divorcio y desaparezca de mi vida para siempre —comuniqué apresurado.
—¿Y ese cambio tan repentino? —preguntó con una risa—. No me digas nada; Sabrina,